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"El sacerdote" te quiere ayudar a comprender la grandeza del ministerio que Dios ha confiado a algunos hombres que Él mismo ha elegido, para prolongar su misión en el mundo.
"El mismo Señor, para que los fieles se fundieran en un solo cuerpo [...], entre ellos constituyó a algunos ministros, para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados, y desempeñar públicamente, en nombre de Cristo, la función sacerdotal en favor de los hombres" (Presbyterorum Ordinis, nº 2).

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D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), nos habla de la maternidad de María y su intercesión en nuestras vidas. Si una madre es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos, cuánto más será capaz de hacer la Virgen María por salvar nuestras almas. Pero su intercesión únicamente será válida si nos hacemos pequeños, humildes y nos dejamos ayudar.

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Jesús nos confió a su madre

D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), nos habla de la maternidad de María y su intercesión en nuestras vidas. Si una madre es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos, cuánto más será capaz de hacer la Virgen María por salvar nuestras almas. Pero su intercesión únicamente será válida si nos hacemos pequeños, humildes y nos dejamos ayudar.

¿Por qué necesito confesarme?

D. Santiago Carbonell —sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España)— nos recuerda que en el Reino de los Cielos solo pueden entrar los que no tienen ninguna mancha. Para eso, es necesario acudir, con frecuencia, al sacramento de la Confesión. Muchas personas se excusan diciendo que, como ni matan ni roban, no tienen ninguna necesidad de confesarse. Esto es un error. Todos, incluidos los sacerdotes, caemos en el pecado y necesitamos del sacramento de la Confesión para que Dios nos devuelva la gracia. Pero la Confesión nos da mucho más, nos da la fuerza para luchar contra el pecado.

Adorad solo a Dios

D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), está muy preocupado por la desvalorización que sufre actualmente el sacramento de la Eucaristía. Lo más preocupante es ver esta actitud no únicamente por parte de los que se denominan ateos, sino que se da incluso entre los propios bautizados. Para un verdadero cristiano, esta forma de tratar al Santísimo, es inaceptable. Jesucristo, Dios y hombre verdadero, por amor a la humanidad se rebajó hasta el punto de quedarse en nuestros sagrarios, bajo la humilde apariencia de un trozo de pan, y nosotros se lo agradecemos dejándole solo. Es hora de abrir los ojos y dejar a un lado todos los ídolos que el mundo nos ofrece para adorar solamente a Dios.

Dejemos actuar a Dios

D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), reflexiona sobre algunas de las más importantes misiones que el Señor ha confiado a sus sacerdotes. Entre estas, destaca la misión de enseñar a todas las naciones el Evangelio que nos fue predicado por Jesucristo durante su vida terrena; defender cada una de las almas que Él pone en su camino de las acechanzas del demonio, y recordar al hombre que, por el bautismo, Dios nos acoge como hijos suyos dándonos la posibilidad, ayudados por los sacramentos que la Iglesia nos proporciona, de estar un día delante de Él contemplando su rostro.

Dejé de creer en Dios

D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), recibió de niño los sacramentos del Bautismo, Comunión y Confirmación, pero él no era muy consciente del valor e importancia de lo que estaba realizando. Su débil fe no fue suficiente para defenderse de los argumentos del mundo, y estos le llevaron a caer en una gran confusión sobre la existencia de Dios. Después de varios años intentando alejarse de todo lo relacionado con Dios constató que, a pesar de tenerlo todo, había un gran vacío en su corazón que el mundo no conseguía llenar. Fue en este momento cuando Dios aprovechó para entrar de nuevo en su vida y colocar todo lo que él había desordenado.

El mérito no es nuestro

El sacerdote siempre corre el peligro de olvidarse de que su ministerio lo ha recibido de Dios y no debería gloriarse por lo que hace, sino glorificar a Dios constantemente por haber querido utilizar sus pobres manos para hacer llegar a todos los hombres su gracia. D. Santiago Carbonell, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), lo tiene muy presente. Sabe que las conversiones de las que ha sido testigo no han sido obra suya, sino solo de Dios y que, cada vez que pronuncia las palabras «Esto es mi Cuerpo» y «Esta es mi Sangre», Jesucristo mismo utiliza sus manos para hacerse presente bajo las especies de pan y vino. Esto es un misterio que solo se entiende si uno se pone las gafas de la fe porque, desde una visión meramente humana, es imposible de comprender.

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